31 de Octubre de 2007

Hace cuatro años Paolo fue a una exposición fotográfica en Madrid, y paseando por la Plaza Mayor se encontró a la mujer de barro, que posaba estática y apuntando al infinito con su dedo bajo el sol de Octubre. En aquel momento me sentiría muy cercano a ella, hoy, quizá no fuera barro, si no piedra, mica, capaz de deshacerse con las manos

 


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